SECCIONES

martes, 8 de septiembre de 2015

Educación Emocional II: Emociones y aprendizaje

Hoy abordamos el binomio aprendizaje - emoción. ¿Tienen relación estos conceptos? ¿Dónde está la conexión? ¿Influye uno en el otro? ¡Cuántas cuestiones por resolver!




Las emociones y el aprendizaje están muy relacionados. Indudablemente, si este binomio se combina de forma adecuada en la práctica educativa los beneficios que los alumnos obtienen en relación a su capacidad y voluntad de aprender son asombrosos. Begoña Ibarrola defiende que la experiencia de aprendizaje puede ir unida al placer (emociones positivas), o no. Si es así, motiva al alumnado a repetir la experiencia, acercarse a ella. De lo contrario, se huirá de la misma ya que ha quedado grabada en la memoria emocional como vivencia negativa. Por lo tanto, una meta principal de la educación emocional en la etapa infantil es brindar a los niños experiencias placenteras de aprendizaje de manera que queden asociadas a estados emocionales positivos, impulsándoles la motivación hacia su repetición. Este proceso, además requiere de un clima afectivo de seguridad que respete, en todo momento, la dignidad de los niños y niñas y genere sentimientos y emociones relacionados con el placer, la confianza, la competencia y la eficacia. Nada sin alegría, decía el pedagogo Loris Malaguzzi. De hecho, las emociones parecen tener la capacidad de modular la actividad del resto de funciones cognitivas, pudiendo llegar incluso a tener un papel dominante en la estructuración de los procesos cognitivos.
Por otro lado, el docente ha de se consciente de que un niño no comienza a aprender con ideas y con abstracciones, sino con percepciones, emociones, sensaciones y movimiento, obtenidos del mundo sensorial y como reacción al mundo real, como dice Francisco Mora. Y todo aquello conducente a la adquisición de conocimiento, como la curiosidad, la atención, la memoria o la toma de decisiones, requiere de esa energía llamada emoción. No olvidemos que el aprendizaje, si se espera que sea significativo, debe entenderse desde la perspectiva de vivir experiencias. Como declara Augusto Cury, los datos son archivados en la memoria, pero las experiencias quedan arraigadas en el corazón.
Linda Lantieri sostiene que educar el corazón es tan importante como educar la mente. Y mediante las emociones se puede moldear el cerebro según las experiencias vitales que le demos hacia el aprendizaje. Las emociones positivas conducen a aprender. Cuando la ansiedad, la ira o los sentimientos de tristeza se inmiscuyen en los pensamientos del niño, la memoria de trabajo tiene menos capacidad para procesar lo que intenta aprender. Por consiguiente, se hace necesario trabajar para que nuestros alumnos posean un buen nivel de emociones positivas, tales como la alegría y la autoestima, de manera que esto les facilite más y mejor aprendizaje. De este modo serán capaces de superar la frustración y resolver bien los conflictos siendo por tanto más felices y alcanzando sin duda mayores éxitos y logros personales. Y todo ello es posible si desde las primeras etapas de la educación formal el docente trabaja en pro de la inteligencia emocional. 

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