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martes, 4 de septiembre de 2012

Los estilos educativos


¿Has oído hablar alguna vez de los estilos educativos?

Para los niños, la familia constituye casi siempre el pilar más básico e importante del cual aprenden, imitan y absorben conocimientos. Sabemos que, en sus hogares, no todos los pequeños son educados igual. La enorme diversidad de modos de ser y pensar han producido desde siempre que surjan diferencias en la forma de ser educados y de relacionarse con sus progenitores y familiares. Y es a esto a lo que de forma ''innovadora'' se le ha denominado como estilos educativos.

En otras palabras, los estilos educativos son esas diversas y continuadas formas de relacionarse los papás y mamás con sus hijos, en los cuales afectan dos factores decisivos: la expresión y comunicación del afecto y el control y seguimiento de las normas. De la combinación entre ellos así como el grado de manifestación o ausencia se extraen los principales estilos educativos.
Y aunque hago referencia a la relación familiar, esto bajo mi modo de ver se puede transladar, de una forma u otra, a la relación profesor-alumno en la etapa infantil.

ACLARACIÓN: Muchos han sido los autores/as que han aportado su granito de arena a este interesante tema. Lógicamente, existen numerosos estilos educativos, con sus peculiaridades y características, que difícilmente podrían ser expuestos tal cual, puesto que el grado de relatividad aquí es importante y considerable, por tanto hablaremos en términos generalizados. 

Estos son los cinco estilos educativos que, a grandes rasgos, predominan:

Estilo AUTORITARIO

Es una relación donde, en los educadores y hacia el niño, existe una baja y escasa expresión del afecto, el cariño y la comunicación. La frialdad y la distancia (física y sentimental) con el pequeño destaca.

Asimismo, exigen de forma muy extricta el cumplimiento de las normas, así como llevan a cabo un control de las mismas bastante rígido. Las normas son impuestas por el educador y deben ser cumplidas a ''rajatabla'', no cabe la opción de adaptarlas a situaciones que lo pueden merecen ni a tener en consideración la opinión del niño sobre dichas normas.

Estilo SOBREPROTECTOR

La comunicación y expresión del cariño y el afecto es elevada y destacable. Quizá, en ciertos casos, suele llegar a ser exagerada.

Pero, sin embargo, al igual que los autoritarios, existe una exigencia rígida de las normas, pero por el simple miedo de evitar ''riesgos'' y ''problemas'' al niño (padres que, a edades considerables, no dejan solo al niño en ningún momento, no les permiten equivocarse, cuando se dañan se exaltan en demasía, creando una montaña de un grano de arena).



Estilo PERMISIVO

Al igual que los sobreprotectores, estos educadores llenan a los pequeños en abundancia, con expresiones de afecto, sobrepasando en ciertos casos el margen adecuado.

En discordancia con los anteriores estilos, estos educadores son muy poco consistentes a la hora de establecer y seguir el cumplimiento de las normas por parte del niño. Son débiles en el sentido de que están dispuestos a cambiar o eliminar normas o posibles castigos en función de los intereses del niño. No hay estabilidad en ellas ni ese matiz de rigidez. Como bien lo define el nombre, dejan al niño hacer, prácticamente, lo que desee.


Estilo NEGLIGENTE

Se puede decir que es el estilo educativo que peores consecuencias produce en el desarrollo de la actitud del niño (ya lo dice el título, ''negligente''). Los educadores negligentes no comunican ni expresan afecto ni cariño. El sistema de normas es indulgente, es decir, son los llamados ''padres invisibles'' ya que no llevan a cabo ninguna función educadora. Como se suele decir informalmente hablando, ''pasan un quilo'' de los niños.



Estilo DEMOCRÁTICO

Y como lo bueno se hace esperar, aquí describo el estilo educativo ''ideal'', el que probablemente es el que mejor influencia y consecuencias brinda a los pequeños.
Los educadores democráticos tienen una alta y adecuada expresión y comunicación emocional y afectiva, transmitiendo apoyo a los pequeños así como reforzando sus autoestima.

Evidentemente, existe una exigencia de normas y un seguimiento de su cumplimiento pero todo de forma flexible, equilibrada, democrática e inductiva, es decir, a través de conversaciones y debates comunes. Se explica el por qué de las normas, se escucha las opiniones de los pequeños llegando incluso a cambiar normas o realizar excepciones, con tolerancia dentro de los límites razonables.




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