SECCIONES

miércoles, 29 de enero de 2014

El aprendizaje lectoescritor desde el constructivismo

Si la educación en general está viviendo una revolución, por supuesto también lo están haciendo todas y cada una de las áreas de aprendizaje, sus metodologías de enseñanza, sus contenidos y su manera de desarrollarse en el aula. Y para el aprendizaje lectoescritor no iba a ser menos.
Atrás se queda ya el empleo único y exclusivo de una teoría o perspectiva preescritora y prelectora, pues como la evolución propia del mundo educativo nos dice a gritos, aprender a leer y a escribir necesita de la maduración de muchas destrezas tanto lingüísticas como perceptivo-motoras bajo un ambiente constructivista de aprendizaje. Pero, ¿cómo enfrentarnos al aprendizaje lectoescritor desde el constructivismo?

Para iniciar a los pequeños en el maravilloso mundo de leer y escribir de manera constructiva, hemos de partir de 6 ideas clave:

1. La reproducción mecánica de un proceso no promueve la relación entre los conocimientos previos de los peques y las nuevas adquisiciones. Muchas veces el aprendizaje lectoescritor lo llevamos a cabo de manera mecánica, preocupándonos más en seguir los pasos de siempre uno a uno, que en cómo se realiza el proceso.

2. La lectura y la escritura deben estar siempre relacionadas con la finalidad comunicativa, pues es así como el niño descubre la importancia del lenguaje para la vida.

3. El aprendizaje no constituye una línea recta, ya que en muchas ocasiones da saltos. ¿Por qué hay que seguir el proceso paso por paso si hay niños que nos permiten ir de la letra a la palabra, sin pasar por la sílaba?

4. El lenguaje escrito se aprende porque los contenidos se van superponiendo y ampliando. Un aprendizaje ''de caracol'', que va profundizándose cada vez más.

5. El inicio del conocimiento escrito no comienza con la escolaridad, pues la escritura rodea a lniño ya que vive en un mundo alfabetizado. ¡Es esencial! Pensar que el niño cuando llega al aula no sabe nada de lectoescritura es perder un gran potencial.

6. El niño es sujeto activo de su aprendizaje, construyendo su conocimiento.

Por tanto, hay que aprovechar lo que los niños saben de lectura y escritura  y planificar actividades en consonancia con estos saberes. ¡No los desechemos! La escuela continúa siendo poseedora de un importante papel, ya que les aporta el conocimiento de reglas y convenciones (que difícilmente pueden ser deducidas) así como la interacción social necesaria para completar el aprendizaje. Además, ayuda a perfeccionar, a guiar, teniendo la función de igualar en la medida de lo posible el nivel de desarrollo de cada alumno, aunque vengan de ambientes poco estimulantes. Así, de estas ideas se derivan las siguientes consecuencias didácticas:

1. Lo evolutivo (y no lo que programa el libro/proyecto) se va a convertir en la referencia del trabajo pedagógico, esto significa ver y escuchar lo que saben y hacen los niños.

2. La referencia de lo que hay que hacer en el aula la marcan los niños, los alumnos, ¡no el libro! Por tanto, hemos de comprender lo que ellos hacen para saber con exactitud qué necesitan en cada momento con respecto al aprendizaje lectoescritor.

3. Hemos de buscar y seleccionar un material gradual que se corresponda con el momento en el que están los niños en su relación con la lectura y la escritura. El ''Proyecto Pepito'' no valdrá para todos, por ello nos toca encontrar  o elaborar un material flexible que se adapte a lo que cada niño pide.

4. Fundamentar la enseñanza en experiencias anteriores, para favorecer las conexiones significativas, así como reconducir cuanto antes aprendizajes anteriores erróneos o incompletos en vez de empeñarnos en seguir enseñando contenidos nuevos. Después, si no se trata a tiempo, será más difícil corregir dichos errores.

5. Promover la interacción entre alumnos, el diálogo, el compartir palabras, experiencias, conocimientos lectoescritores. ¿Aulas silenciosas? ¡No!

6. Crear un ambiente alfabetizador, incluyendo en el aula materiales del mundo extraescolar tales como periódicos, revistas, trípticos... y proponer actividades que tengan una función social y comunicativa (elaborar notas, cartas, solicitudes...)

Es decir, ser conscientes de que lo que el niño sabe y también lo que no sabe nos es útil no solo para realizar la evaluación inicial, sino para programar todo el proceso de aprendizaje, desde el inicio hasta su fin, sin desechar esos conocimientos previos, y utilizándolos para, en base a ellos, impulsar el aprendizaje.

3 comentarios:

  1. ¡Muy interesante el artículo! El punto 6: "El niño es sujeto activo de su aprendizaje, construyendo su conocimiento", debería ser, desde mi punto de vista, la clave de cualquier aprendizaje. Si se consiguiera esto, aprender sería un placer y no una obligación impuesta y las escuelas serían lugares para formar a personas felices en todos los aspectos.

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  2. Como siempre María, unos artículos muy interesantes, me ha encantado leerlo. Un saludo

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  3. ¡Qué interesante! Graciaaaaaaaas :)

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