SECCIONES

lunes, 27 de agosto de 2012

'Música y emociones', poder incalculable

 Bajo este título se adentra Eduard Punset en el mundo de la música y cómo esta influye en las emociones. ''¿Qué dice la neurociencia sobre las emociones evocadas por la música? ¿Cómo el cine se aprovecha del poder de la música para dirigir a los espectadores?'' son preguntas que se intentan resolver a lo largo del programa con la ayuda y colaboración del músico, neurólogo y psicólogo musical Stefan Koelsch.

¿Qué dice la neurociencia sobre las emociones evocadas por la música? o ¿Cómo el cine se aprovecha del poder de la música para dirigir a los espectadores? son preguntas que se resuelven a lo largo de estos 28 minutos de programa, llegando a conclusiones realmente curiosas.

Como bien dice Stefan Koelsch, 'somos seres musicales de forma innata desde lo más profundo de nuestra naturaleza'. La raza, el lugar donde vives o la cultura no influye absolutamente nada a la hora de reconocer emociones provocadas por una melodía concreta, como así abalan estudios realizados en Camerún.
''La música tiene esa capacidad de ayudarnos a cambiar nuestro estado de ánimo, si lo deseamos. Desde la neurociencia sabemos que la música es muy poderosa a la hora de activar cada una de nuestras estructuras emocionales en el cerebro.
Esto significa que la música es capaz de evocar el núcleo mismo, el núcleo de las estructuras cerebrales responsables y creadoras de nuestro universo emocional''  

Y así demuestra el poder incalculable que posee la música en el ser humano. Entonces, ¿por qué se le da tan poca importancia en las escuelas, institutos y universidades? Al hablar de música, de arte, en muchas ocasiones he sido testigo de comentarios que infravaloran lo artístico, definiéndolo como ''algo sin importancia, fácil, que todo el mundo puede hacer bien, tonterías, asignaturas para rellenar''. Y es normal, ya que la propia escuela en sí y la sociedad lo fomenta. Quizá solo las personas que formamos parte de este mundo entendemos que la música va más allá, que no es tan sencilla como la perciben y que realmente influye en todo nuestro ser, nuestras emociones y nuestro cerebro. Al igual que las matemáticas, la tecnología y demás a las que se les da más prestigio social y sobrevaloración, la música y el arte LO TIENE Y TIENE QUE SER VALORADO COMO TAL. Vean si no, como ejemplo, el juego que hace el músico [minuto 5:35]: usando una misma escena, emplea dos melodías diferentes y casi contrarias, ¡vaya juego de emociones se genera al verlas, cambiando solo la música!

Y no solo eso. Koelsch ha demostrado que también la música puede comunicar información semántica, como las palabras.Si después de oír la frase "me gusta el café con azúcar" nos dan a elegir dos palabras ("leche" o "cortina"), siempre escogeremos "leche" porque tiene más coherencia semántica con la frase. Esa coherencia desata una reacción en el cerebro que se puede medir y que sucede también al escuchar música. Por eso, después de escuchar el Terceto de cuerdas de Schönberg [ESCÚCHALA AQUÍ], todo el mundo elige la palabra "aguja" para definirla. Resulta que Schönberg había dicho que esa música era una descripción de las punzadas que había sentido durante un infarto. ¡Y es realmente sorprendente! La palabra aguja define exactamente esa melodía, ¡escúchala y verás!

El continuo empeño por desarrollar el lenguaje oral ha casi ''matado'' a las demás posibilidades de expresión que posee el ser humano. Los niños son un claro ejemplo de esos cien lenguajes (como decía Malaguzzi en su poesía aquí) pero el sistema insiste en infravalorarlos y dejarlos a un lado, olvidados. Por eso invito a ir en contra de ello y fomentar la música en los pequeños, el arte, y sus mil formas de expresión. Quizá nos demos cuenta de un niño al que no se le da escribir redacciones NO es un niño con problemas de aprendizaje, si luego es capaz de componer una canción al piano, cantar una melodía perfectamente o incluso dibujar lo que esa redacción podría decir. Es, simplemente, que su forma de expresión predominante no es la escrita.


Por ejemplo, ''los niños autistas sienten un gran interés por la música y son propensos a componer música con otros. En entornos terapéuticos también es cierto que resulta difícil comunicarse con ellos a través del lenguaje, en cambio, es más fácil hacerlo a través de la música.''
 
¿Por qué no somos nosotros los que nos adaptamos a ellos, y no viceversa, si sabemos que la música los hace más sociables y comunicativos?
 

En definitiva, debemos considerar la música y con ello el arte como un elemento esencial del aprendizaje para todos. En palabras de Punset, ''...realmente, si niños que sufren autismo pueden comunicar con otros mediante la música de una manera que no lo pueden hacer con las palabras, si ellos pueden empatizar, ponerse en el lugar de los demás entonces, yo creo que no hay ninguna duda de que no tienen más que ganar con la música y no es seguro que siempre sea así con las palabras.''

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por enriquecer este rinconcito con tu comentario!