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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Educación Emocional III: ¿Qué es la educación emocional?

Entramos ya en materia pura. Hemos hablado de emociones, de aprendizaje, pero... ¿qué es la educación emocional? ¿en qué se fundamenta?



No podemos tratar la educación emocional si previamente no analizamos su origen: la inteligencia emocional. El término se deriva de los estudios realizados en épocas anteriores a su reconocimiento. Desde la filosofía platónica y aristotélica encontramos ligeros indicios que ponían de manifiesto la importancia de las emociones en la vida. Aun así, la primera clave la encontramos en el término de inteligencia social acuñado por Thorndike en 1937; posteriormente, en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner en 1983 al reconocer, entre ocho, las inteligencias intrapersonal (comprendernos a nosotros mismos) e interpersonal (comprender a los demás); y por último, en 1990, cuando Salovey y Mayer incluyen la suma de estas dos inteligencias en un término que definieron como la capacidad de percibir los sentimientos propios y los de los demás, distinguir entre ellos y servirse de esa información para guiar el pensamiento y la conducta de uno mismo.
Sin embargo, es con la publicación del bestseller de Goleman cuando este concepto recibe su mayor reconocimiento social al comprender que el éxito depende de un porcentaje importante del mismo depende del adecuado desarrollo de la inteligencia emocional. Así Goleman hace referencia a ella como la habilidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones en nosotros mismos y en nuestras relaciones. Por su parte, Gallego y Gallego (2004) expresan que es la unión entre lo cognitivo y lo emocional, siendo su armonía lo que garantiza su desarrollo eficaz para enfrentarnos a cualquier situación de nuestra vida. En otras palabras, se trata de dotar de inteligencia a la emoción y tomar conciencia de los sentimientos.
Las habilidades que forman la inteligencia emocional se pueden resumir en tres:
  • El conocimiento y expresión emocional. Conocer las emociones existentes, sus matices y formas de expresión así como saber que forman parte de nuestra naturaleza humana.
  • La percepción y comprensión emocional. Ser capaces de captar que se está sintiendo una emoción, identificarla y saber qué estímulo o causala ha provocado. A los cuatro o cinco años los niños juzgan correctamente las causas de muchas reacciones emocionales básicas y se vuelven más empáticos.
    El manejo y regulación emocional. Gestionar lo que sentimos de manera favorable (tipo de emoción, intensidad de su aparición...) así como saber qué hacer con ella de manera que suponga un beneficio saludable para uno mismo y los demás, minimizando las consecuencias negativas. En esta etapa infantil debemos ayudar a los niños a desarrollar un control doble: por una parte, el control físico, y por otra, el control mental.
La inteligencia emocional es una habilidad. Y lo bueno de las habilidades es que se pueden aprender y también enseñar. Y aquí es donde entra el concepto de educación emocional. La educación emocional es aquella que se realiza para el desarrollo de la inteligencia emocional. Cury plantea que educar la emocionalidad es estimular al alumno a pensar antes de reaccionar, a no tener miedo al miedo, a ser líder de sí mismo, a saber filtrar los estímulos estresantes y a ser fiel a la propia conciencia. Para Rafael Bisquerra, la finalidad de la educación emocional es el desarrollo de competencias emocionales, entendidas como el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para tomar conciencia, comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales. Al educar emocionalmente, se parte de unas actitudes afectivas que pretenden fomentar en el niño una simbiosis entre pensamiento, emoción y razón. Muchos problemas relacionados con el fracaso escolar tiene que ver con el analfabetismo emocional y la ausencia de habilidades emocionales (estrés ante los exámenes, baja tolerancia a la frustración, bajo control de la impulsividad, incapacidad de prestar atención por sobresaturación emocional,...). Y no solo esto. La violencia muchas veces se genera a partir de la ira, y solamente desarrollar la competencia de regulación de la ira para la prevención ya justificaría la importancia y necesidad de esta inteligencia en todas las personas.
Siendo conocedores de la neuroplasticidad cerebral y la existencia de las neuronas espejo y que la mayoría de conexiones básicas se desarrollan durante la etapa infantil, mediante la educación emocional es posible moldear el cerebro y aumentar la creación de sinapsis. Si, como expresa Lantieri , antes y durante sus primeras etapas escolares aprenden a expresar sus emociones de forma constructiva y se implican en relaciones afectuosas y respetuosas es más probable que eviten la depresión, la agresividad y otros graves problemas de salud mental.
De este modo, tanto la inteligencia como la educación emocional cumplen el importante papel de evitar el apagón emocional del que Francisco Mora habla. Y Goleman sentencia que si dejamos las lecciones emocionales a su suerte, corremos el riesgo de perder la oportunidad ofrecida por la lenta maduración del cerebro para ayudar a niños y niñas a cultivar un sano repertorio emocional. 

1 comentario:

  1. Hola. la educación emocional es necesaria para enseñar a los alumnos el autocontrol, el entusiasmo, la empatía, la perseverancia y la capacidad para que estén motivados. Considero esencial que la Escuela debe educar en ese campo para formar a personas capaces de afrontar la incertidumbre de un futuro cambiante y desconocido. Seguimos en contacto

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