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miércoles, 29 de agosto de 2012

Cocina y arte

En estos últimos días de verano tan, tan calurosos, lo mejor que se me ocurre hacer es ir a dar un paseo, pero por Internet: ¡la cantidad de cosas que están a nuestro alcance con solo hacer un click!

Y navegando, navegando me topé con una idea bastante original: cambiar la presentación del plato para aquellos niños que se nieguen rotundamente a comer. ¿Y cómo cambiarla? Aquí vemos unos ejemplos curiosísimos:

Hamburguesa gatuna acompañada de papas, pepino y tomate

Tostada vegetal

Bocadillo al son de las olas

Sándwich de jamón muy risueño

Perfil humano con pelo-zanahoria

Pizza-persona

Sarantontón vegetal

Pizza perruna
Comemos con los ojos. Si nos pusieran delante un plátano de color azul, a una buena parte ni se le ocurriría probarlo, en cambio si tiene un color amarillo vivo, tardaríamos menos de un segundo en darle un bocado. Y esto es lo que se pretende conseguir en los niños con esta idea alternativa: que a sus ojos les agrade el plato que se les pone delante transformándolo en aquello que le guste o le llame la atención. Sabemos sobradamente que el aspecto que la comida tenga influye en nuestra predisposición a probarla o no, por tanto, en vez de regañar mil y un días al niño, recordándole millones de veces que tiene que comer, probemos con sorprenderle cada día creando un plato para cuyos ojitos sea irresistible y tentador, aunque ello requiere una pizca de paciencia y tiempo y, sobre todo, muchos kilos de imaginación, ¡pero de eso nos sobra a todos!




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